Por: Adriana Jaspe y Luis Salas Rodríguez
Se avecinan las vacaciones escolares en nuestro país, realidad que
comienza a ser causa de preocupación para algunos sectores de la población
venezolana.
Por
regla general, para vacacionar una familia necesita contar con ahorros que le
permitan hacerlo. Y como todo el mundo sabe, en la medida en que el ingreso de
la mayoría de las familias son salariales, en cuanto sus miembros mayores son
trabajadores, dicho ahorro resulta del descuento que sobre dichos ingresos
salariales ordinarios se realiza por los gastos corrientes derivados de la
alimentación, pago de servicios, vivienda, etc.
Sin
embargo, dado el actual cuadro económico de la gran mayoría de los hogares de
nuestro país, para los cuales el gasto diario ha crecido enormemente dentro del
marco hiperespeculativo que se atraviesa, hacer turismo ha terminado convertido
en un lujo. Y es que no solo los costos asociados al turismo, en cuanto tal
(traslado, hospedaje, etc.), resultan inalcanzables para una familia promedio.
Sino que en la medida en que los ingresos salariales familiares se consumen
casi exclusivamente en la cobertura de necesidades básicas de alimentación,
transporte y servicios básicos, no se están generando siquiera los ahorros
necesarios para destinarlos a fines recreacionales en general y turísticos en
particular.
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