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“Los partidos de la MUD todos están chiquitos”


Ciudad Caracas
Su renuncia a Copei le permite hablar con mayor libertad, pues no tiene que respetar disciplinas > Aboga por dejar atrás el clima de confrontación e invita al Gobierno a seguir el ejemplo de Bolivia > “A mí no me botan tres veces de una casa”, dice de su salida de Copei

El rostro de Eduardo Fernández no refleja signos de estrés, pese a que en los últimos días ha estado dedicado a atender lo que conlleva su histórica renuncia al partido socialcristiano Copei.
Luego de una sonada confrontación con Roberto Enríquez, actual presidente de la tolda verde, el Tigre saca de nuevo sus garras para enfilar contra los partidos políticos y hace esfuerzos para convocar a un movimiento de unidad nacional, pero esta vez desde su oficina del Centro Internacional de Formación Arístides Calvani (Ifedec).
—¿Qué hay detrás de su renuncia realmente?
— Dos cosas: primero que el presidente del partido (Roberto Enríquez) me invitó tres veces a que hiciera lo que hice. (Por cierto, después él ha sido muy amable y se ha retractado, pero ya mi decisión está tomada). Segundo: yo siento que en Venezuela hay que trabajar por la unidad nacional. Tenemos muchos años fracturados los partidarios del gobierno y los de la oposición. No solamente fracturados, sino incomunicados. Este no es exactamente un momento de partidos, sino de unidad nacional. Esta situación –a la cual no me acostumbro, porque fueron muchos años dentro de Copei— me permite hablar con más libertad. Aclaro, yo creo que los partidos son indispensables, son necesarios, pero algo preocupante es que los partidos que integran la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), todos están muy chiquitos.
—Usted habla de unidad, pero separándose de Copei, ¿no está fracturando a su partido?
—De ninguna manera, porque no he pedido a nadie que me acompañe. Ni siquiera a mi familia. A mi hijo, quien es miembro de la organización, le he dicho: ‘Fue a mí a quien invitaron a irse, a mí solo”. No estoy dividiendo el partido y en mi carta anuncio que yo sigo siendo humanista cristiano, un democratacristiano y anuncio que estoy a la orden para ayudar. No obstante, te confieso que me siento cómodo pudiendo hablarle al país de cosas con las cuales tendría que tener mucha prudencia por las limitaciones que impone la llamada disciplina partidista.
—¿Qué fue lo que le molestó tanto de la solicitud del presidente de Copei?
—A mí no me botan tres veces de una casa y él me dijo tres veces que me fuera. Por cierto, yo quiero reiterar que deseo que él (Enríquez) tenga éxito. Es que, además, él me dio un argumento muy bueno. Me dijo: ‘Váyase para poder trabajar mejor’ y eso es lo que realmente quiero. Cuando fui secretario general de Copei teníamos más del 40% de la votación nacional, 13 gobernaciones, una gran fracción parlamentaria, no había una sola asamblea legislativa en ningún estado en que no hubiera representación de Copei, teníamos las alcaldías de las principales ciudades del país, entre otras. Yo quiero que haya de nuevo un partido de inspiración democratacristiana grande, poderoso, que influya y que trabaje por la justicia social y por el crecimiento económico. ¡Bueno, vamos a trabajar, aunque no sea militante de la organización!
—¿Esto no será una estrategia política suya para formar un nuevo partido?
—No. De ninguna manera formaré un nuevo partido. De lo que se trata no es de tener más partidos, sino tener mejores partidos: más representativos, más populares. Insisto, de lo que se trata es de promover la unidad nacional.
—Usted habla de unidad nacional, pero se intuye que no ve gente en la oposición, gente que reúna elementos como para alcanzar ese objetivo.
—En el Gobierno tampoco. Yo creo que hay que hacer un esfuerzo por desmontar la exagerada polarización que ha caracterizado el debate público en los últimos años. Hay un polo —que según dicen las encuestas es muy minoritario— que representa al Gobierno y hay otro que está integrado por partidos —que están muy debilitados— que es la MUD. Hay un amplio espectro en el medio que está esperando un mensaje de patriotismo, de sensatez, de convocatoria a la unidad, que diga: ‘Ya basta de confrontación, vamos a trabajar juntos por mejorar el país’.
—¿A quien considera con las características de un gran líder como para hacer el llamado que plantea?
—Ya aparecerán algunos líderes y lideresas, para decirlo como le gusta a la nueva gramática revolucionaria. Más importante que exista un líder es que haya una tesis que pudiera decir lo siguiente: ‘Sustituyamos la cultura de la confrontación por la de la cooperación’. En lugar de estar sacándonos la madre, vamos a trabajar juntos por resolver el problema económico del país. Tenemos problemas que no solo afectan a los opositores, sino que afectan también a los chavistas.
—¿Cuál cree que sea la agenda que tiene la oposición
—Siento que hay mucho de reacción frente a las provocaciones del Gobierno. Me gustaría que tuviera una agenda de unidad. Mi crítica no es solamente a la oposición, también es al Gobierno, porque la agenda que está planteando el Gobierno nos ha conducido a la más alta inflación del mundo, a tener estancamiento económico, no crecemos. Acaba de ganar Evo Morales en Bolivia y eso se debe a que allá la inflación es pequeña, es el país con mayor crecimiento. Quiero invitar al Gobierno a seguir ese ejemplo.
—En la IV República hubo gobiernos con alta inflación y estancamiento económico, el de Rafael Caldera, por ejemplo.
—¡¡¡Terrible!!! Yo estaba en la oposición cuando eso. Me peleé con Caldera por esa razón. De los 40 años de la IV República, yo estuve 35 en la oposición. A mí no me van a echar cuento de esa época, porque yo estoy peleando contra los gobiernos cuartorrepublicanos y quintorrepublicanos desde hace muchísimos años. Yo tengo la esperanza de que entremos en la VI República, con un gobierno que garantice lo que están disfrutan ahora los bolivianos, poca inflación, mucho crecimiento económico y empleo.
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No quiere carnet
—¿Qué sentimiento lo embarga cuando recuerda la invitación que le hicieron desde Copei de hacerse a un lado?
—Hay dos cosas que son importantes en un político: la adhesión a los principios de la doctrina y la formalidad burocrática de tener un carnet. Yo he renunciado a la segunda, pero ahora me siento más identificado que nunca con la doctrina humanista cristiana, que es la que me llamó a la lucha.
—¿Qué tipo de aspiraciones tiene ahora que su compañero de tolda política lo colocó en el ojo del huracán?
— Muchas. Tengo la más grande aspiración política, que es ver en mi país sustituida la cultura de la confrontación por la de la cooperación.
—¿Cómo se prepara para enfrentar esa lucha que tiene por delante sin contar con el respaldo de un partido político?
— Ya empecé en Guanare y en Acarigua, estado Portuguesa, donde fui invitado por una fundación que no es de ningún partido, es plural, se llama Fundemo, para hablar sobre los principios fundamentales del humanismo cristiano. Me dijeron que van a invitar al gobernador, a un adeco, entre otros de distintas corrientes de pensamiento. Con eso que hice ayer, con las entrevistas que he dado, estoy promoviendo la cultura de cooperación. Sin una estructura política organizada por detrás, la lucha va a ser más difícil, va a ser una tarea ciclópea.
—Entonces le está tomando la palabra al presidente Chávez, quien en vida llegó a decir que usted era el político “serio” que le faltaba a la oposición.
—Él siempre fue muy amable conmigo.
JUAN RAMÓN LUGO/CIUDAD CCS

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