Por Marco Teruggi / La Tecl@ Eñe / Resumen Latinoamericano/ 3 de noviembre 2015.-
1. Es de noche en los valles de Carabobo, a unas seis
horas de Caracas hacia el occidente. Lo que está a punto de suceder es
una primicia poco conocida: el largometraje Juntera está por ser
estrenado ante sus protagonistas, los primeros en verlo. 250 sillas
están puestas en fila ante un escenario donde se baila, zapatea y canta
joropo. De pie y con sombrero ancho campesino habla José Retaco,
militante de la Corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora, vocero de la
Comuna Negro Primero, anfitriona del evento. “En las comunas está el
nacimiento del socialismo”, dice. Es 20 de octubre, se cumplen tres años
de la consigna final de Hugo Chávez: comuna o nada.
Las imágenes de la película son las de la
construcción diaria de varias comunas en Venezuela: asambleas en los
parlamentos, elección de vocerías, trabajo voluntario, construcción de
viviendas, producción agrícola, debates sobre leyes, guerra económica,
lo que está por venir. Un pueblo protagonista que aprende a gobernarse:
la trama de la película, de la revolución.
Negro Primero -héroe de la batalla de Carabobo
durante la guerra de independencia- está conformada por 42 consejos
comunales, sobre un territorio de 39 mil hectáreas habitado por 9.685
habitantes. Allí siembran, producen, organizan junto a centenares de
comunas mercados a cielo abierto, como acordaron directamente con
Nicolás Maduro en una reunión de consejo presidencial de gobierno
popular: la instancia en la cual el Presidente debate, cogobierna con el
movimiento comunero. En la comuna tienen el estómago y las rodillas
enteras, consiguen día a día construir la fórmula del poder necesario:
razón y fuerza.
Enfrentan la guerra desatada que recrudece. Pocas
semanas atrás detectaron varios paramilitares instalados en una finca
sobre su territorio. El enfrentamiento, encabezado por la Operación de
Liberación del Pueblo, dejó a los infiltrados muertos.
***
En Venezuela existen miles de paramilitares
desplegados. Ocupan espacios, cobran peajes, extorsionan, descuartizan,
aplican, con paciencia, el saber del horror aprendido por décadas en
Colombia. Le disputan al chavismo el territorio, cuadra a cuadra, sector
por sector, ocupando edificios entregados por el Gobierno, armando a
jóvenes, dejando células dormidas que activan paulatinamente, realizando
ataques con granada a sedes de organismos policiales. Se trata de
caotizar desde dentro, hacer del cotidiano un escenario de desgaste para
millones.
2. Es domingo de fin de octubre por la mañana. En las
calles de Caracas hay colas, esas que comienzan al alba, a la espera de
que abran supermercados, Pdvales, Abastos Bicentenarios. Los debates son
con grandes gestos y voces, palabras certeras de rabia, paciencia y
elecciones. También las hay confundidas, de identidades desdobladas -“yo
soy chavista, pero con Maduro no”. Esa escena es de todos los días.
Lleva más de dos años.
Cerca de allí, en el barrio Piache de la costa de
Catia La Mar, las cosas comienzan de otra manera. En ese sitio, que
todavía guarda marcas de las sucesivas lluvias, funciona una Base de
Misiones, un espacio que reúne casi todas las Misiones Sociales de la
revolución. Concentrar el poder de fuego, fue la consigna para dar
inicio a ese plan de combate a lo último de extrema pobreza. La jornada
organizada lleva como consigna “la cultura es el barrio”: pintada de
mural, almuerzo colectivo, juegos con los jóvenes, recuperación de un
espacio tomado por la basura. Se encuentra parte de la comunidad
-siempre existe un sector apático-, un ministro que se suma al trabajo
voluntario, y muchos niños y jóvenes, como en todos los barrios de
Venezuela.
Mientras la jornada se desarrolla se realizan las
elecciones para renovar las nuevas vocerías del consejo comunal, que, la
semana siguiente, se integrará a la Comuna Nicolás Maduro. “La pelea es
peleando, la comuna es fuerza”, dice una vocera que pasa entre tarea y
tarea. En la comuna también organizan mercados semanales, trabajan junto
a las bodegas patrióticas. “Estamos luchando contra esa oposición que
ha creado una guerra económica para golpear al pueblo en el estómago, se
desmoralice la gente y crea que el Gobierno tiene la culpa”.
Esa comuna nació silvestre, sin movimiento popular
que la acompañara, guiada por los Aló Presidente, las líneas de la
revolución transmitidas desde la televisión por el comandante Chávez.
Es, como tantos espacios de organización popular en Venezuela, el
resultado de años de experiencias de trabajo barrial, de conformación de
órganos de poder popular con diferentes horizontes. El comunal es sin
duda el más avanzado: construir el Estado comunal, deconstruir el
burgués. Se aprende con intuición, lectura de leyes, cursos de
formación, haciendo frente a tres dificultades: la ofensiva golpista, la
burocracia chavista, la propia inexperiencia.
***
Al día siguiente una señora y su hija están
perdidas en el centro de la ciudad. Vienen de un caserío humilde situado
a unas dos horas de Caracas. La madre acaba de regresar de Cuba, donde
estuvo en La Habana y en Varadero. “Vendí ropa y raspé la tarjeta” dice.
Volvió con dólares que venderá a más de 700 bolívares en el mercado
paralelo. El precio de compra fue de 13 bolívares. Asegura que ya no se
puede estar en el país, que de esta manera no, que antes las cosas eran
diferentes, ¿cuándo así? Al preguntarle si conoce a gente con hambre,
contesta que no. Y si todo se encuentra tan mal, ¿cómo pudo irse de
viaje? Sus palabras podrían ser dichas por muchos. La guerra
comunicacional arrastra, así como pilares duros de la cultura petrolera,
del consumismo confundido con la democratización del consumo que
permitió la revolución. La insatisfacción está ligada al deseo. ¿Quién
establece esos deseos? Dice que el año próximo irá a Argentina, se ríe.
No elegirá a la oposición el 6 de diciembre. No sabe si va a votar.
3. ¿Cómo leer la actual realidad venezolana, que
tendrá elecciones legislativas el 6 de diciembre? La guerra económica y
psicológica erosiona, ese es su objetivo. Hablar de un pueblo
despolitizándose resulta en cambio arriesgado, demasiado 2.0. Conocer
Venezuela, aproximarse a algunas de sus verdades, demanda salir de las
redes, caminar las comunas, los mercados a cielo abierto, lo que sucede
en los sectores populares, donde nació y continúa estando la fuerza del
chavismo. Porque ese movimiento se hizo, y allí se mantiene, en lo hondo
de lo más postergado de un país petrolero, de la arquitectura apilada
sobre los cerros, las tierras secas mientras miles de avionetas privadas
iban de compras a Miami. El chavismo -retomando a John William Cooke-
es el nombre político del pueblo venezolano.
Allí la capacidad de resistir las colas, enfrentar
la guerra mediática, de desesperación, violencia y fronteras. Por eso,
aún con cansancio y enojo, nadie ha prendido fuego las calles, impulsado
saqueos, algo que, de ser deseado por este pueblo -no las clases altas o
células paramilitares- sería hecho. Entonces una señora viaja a Cuba,
otra es chavista aun sintiendo distancia con la conducción actual, y
quien no sabe si acudir el 6 de diciembre no piensa en otorgarle su voto
a la derecha, los ricos, sino en castigar -con abstención- a quienes no
parecen hacer todo lo que podrían hacer. La identidad es profunda, la
experiencia del ejercicio y construcción de libertad de millones está
arraigada a estos últimos 16 años.
Esa es la revolución, la capacidad de resistir,
hacer comunas, así como las tensiones permanentes. “Todos los procesos
de empoderamiento del pueblo en el marco de la revolución bolivariana
tienen mucha resistencia de los compañeros que ocupan espacios
institucionales”, dice Duiliam Virigay, dirigente de la Corriente
Revolucionaria Bolívar y Zamora, un movimiento popular que acompaña 450
de las 1300 comunas registradas. La unidad del chavismo es también la
negociación de las diferentes concepciones, de ceder o no poder al
proceso comunal, popular, de pensar en acuerdos inestables con la
burguesía o de radicalizar hacia el socialismo. Hugo Chávez apostó a la
segunda, comuna o nada marcó su final de juego directo. El equilibrio
actual es más complejo que nunca, romperse sería una derrota.
El 6 de diciembre será difícil. La realidad
comunal, barrial, campesina, indica que las tareas que deben hacerse
están siendo llevadas adelante. En esos territorios ganará la
revolución. Una victoria permitirá sostener la actual correlación de
fuerzas. Lo contrario: entrar en un escenario que tiene, desea la
derecha, una intención de convertirse en guerra civil. Ellos están
preparados, siempre con el grito de fraude organizado. El chavismo
también: se trata de una revolución pacífica, no desarmada. Nunca se ha
estado tan cerca de la vida en comunas como de la revancha burguesa. En
la primera está la posibilidad del socialismo así como una de las
maneras centrales de enfrentar lo que pueda venir. La realidad está
allí, con las puertas abiertas.
0 comentários: